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La leche materna, un tejido vivo

La leche materna, un tejido vivo

La lactancia materna es reconocida como el patrón de oro de la alimentación infantil debido a que proporciona los componentes nutricionales necesarios y un gran grupo de componentes bioactivos no nutritivos que promueven el desarrollo y crecimiento saludable, la protección de la salud y la supervivencia del infante. Sobre todo, estos últimos compuestos, caracterizados por su gran potencial de alterar significativamente el estado nutricio, inmunológico y metabólico del recién nacido con consecuencias positivas visibles a lo largo de la vida.

La expresión, “la leche humana está viva" hace referencia a la dinámica y naturaleza de sus componentes, por su alta especificidad a las demandas de la especie y por brindar sustancias no nutritivas con actividad fisiológica, dado que la mayoría de estos componentes son obtenidos del plasma (sangre) de la madre, a diferencia de otras formas de alimentación artificiales.

A continuación, se listan los componentes bioactivos mas estudiados con su efecto en el organismo del lactante.

Lactoferrina

Es una glucoproteína conocida por ser la principal proteína de unión al hierro, previniendo anemia en el recién nacido; y también como una molécula de defensa de primera línea contra las infecciones, controlando la propagación de bacterias potencialmente patógenas.

Enzimas digestivas

La lipasa y la α-amilasa son unas de las enzimas digestivas presentes en la leche humana que asisten en la digestión y utilización de algunos nutrientes de manera compensatoria a la función pancreática inmadura del recién nacido. La lipasa ayuda en la digestión de los lípidos, mientras la acción de la α-amilasa materna es más significativa para el bebé en la digestión de carbohidratos complejos cuando se reciben alimentos complementarios (a partir de los 6 meses) poco después de una sesión de amamantamiento; pues la actividad de la α-amilasa del infante no es adecuada hasta los dos años después del nacimiento.

Factores inmunológicos

Al nacer, los bebés adquieren una inmunidad inmadura y dependen de los anticuerpos maternos para la defensa contra patógenos, de esta manera, la lactancia garantiza la supervivencia del lactante por estar enriquecida con factores inmunológicos. Son cinco los anticuerpos o inmunoglobulinas que están presentes, sin embargo, la más abundante es la inmunoglobulina A (IgA). Esta colección de inmunoglobulinas será sintetizada por la madre cuando esté expuesta a agentes infecciosos en su entorno, por lo tanto, la lactancia materna proporciona inmunidad dirigida y específica para el lactante.

Oligosacáridos

Los oligosacáridos son carbohidratos no digeribles, es decir, sobreviven a las condiciones gástricas y enzimáticas, de modo que llegan intactas al colon donde serán utilizados como fibras prebióticas para promover el crecimiento y desarrollo de la microbiota intestinal beneficiosa, esencialmente bifidobacterias. La leche materna presenta más de 200 oligosacáridos, que en el intestino del lactante son los encargados de crear las condiciones ambientales para inhibir el crecimiento y actividad de bacterias patógenas en la pared intestinal, evitando enfermedades diarreicas.

La percepción común de que la leche materna solo suministraba energía y nutrientes justificaba su reemplazo por las leches de fórmula infantil (sucedáneos), sin embargo, esta visión de la alimentación infantil ha cambiado a raíz de evidencia disponible que indica que los beneficios a corto y largo plazo de la alimentación con leche materna son el resultado de la complejidad bioquímica de estos componentes bioactivos y de la interacción del binomio madre-hijo, de modo que el consumo de leche humana siempre será superior a la alimentación con los sucedáneos de leche materna.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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