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Leche materna: la fórmula ideal

La alimentación a recién nacidos y niños pequeños con sustitutos de la leche materna o fórmulas infantiles se ha difundido masivamente a nivel mundial, como consecuencia de la revolución industrial, el marketing, la mayor inclusión de la mujer en la sociedad y la poca educación en promoción de salud, desplazando la práctica de la lactancia materna y opacando los beneficios que representa para el ser humano durante sus primeros años de vida.
Aunque la leche materna (LM) es considerada el estándar de oro de alimentación para los lactantes, las fórmulas infantiles emergen como una alternativa de alimentación cuando el proceso de amamantamiento no es posible, con el fin de satisfacer requisitos nutricionales del lactante (4). Tales son los casos de bajo peso al nacer, bebés prematuros, niños con galactosemia, infección materna por VIH, casos donde la mamá requiere medicamentos no compatibles con la lactancia materna, así como también el abuso de drogas o los tratamientos contra el cáncer (5), etc. Es decir, puede prescribirse su administración en caso de requerir cubrir necesidades nutricionales inmediatas en el lactante con condiciones especiales o de presentar un limitado acceso a la leche de su madre o por el riesgo que le represente el amamantamiento. Sin embargo, para estos últimos casos, la leche materna de donadoras es ahora la opción más conveniente, por su naturaleza, economía e impacto ambiental.

A pesar de que la fórmula infantil trata de imitar a la leche materna en composición, estabilidad y calidad, esta última la supera por mucho debido a la gran variedad de más de 300 agentes bioactivos que representan beneficios en la inmunidad y en el desarrollo cerebral del infante (2) (3), además por los efectos positivos en la salud física y mental de la madre e hijo, el ahorro de recursos destinados a anticoncepción, alimentación y tratamiento de enfermedades, y por el cuidado al medio ambiente. Debido a esto, las fórmulas infantiles son catalogadas como sucedáneos de leche materna, lo que se traduce en que su composición es parecida a la leche materna y puede sustituirla, pero con un menor grado de calidad y con limitados “beneficios”.

Algunos datos de interés:

• La alimentación con leche de fórmula se relaciona con mayores tasas de mortandad en niños, en países en vías de desarrollo.
• El Síndrome de Muerte Súbita del Lactante (SMSL) es mucho más prevalente en neonatos alimentados con leche de fórmula.
• Los niños alimentados con leche de fórmula tienen mayor probabilidad de sufrir de obesidad, diabetes mellitus 2 y demás enfermedades crónicas no transmisibles en la edad adulta.
• Valores más altos de coeficiente intelectual se reportan en niños alimentados con leche materna versus a los alimentados con fórmula.
• No se reportan desventajas o contras de la alimentación con leche materna.
• Entre más “prolongada” sea la lactancia materna, mejor calidad de vida en términos de salud integral se reportan en quienes fueron amantados.
• Mayores tasas de morbilidad y mortandad en niños y madres que han utilizado fórmulas infantiles.
Es importante enfatizar que, toda mujer está dotada en su fisiología para llevar a cabo el proceso de lactancia materna sin problemas, sin embargo, una errónea percepción de “baja producción de leche”, la presión social y la falta de conocimiento, llevan a la mujer a acudir a estas fórmulas infantiles cuando son innecesarias.
De esta forma, la promoción de la lactancia materna en etapas previas al embarazo y parto es clave para empoderar a la mujer en su rol de maternidad que se traducirá en una mejor calidad de vida para ella y su hijo en términos globales (6). En casos especiales, el uso de leche materna que proviene de bancos de leche, son la segunda opción en caso de que la leche de la madre no pueda estar disponible y que no se detecten problemas congénitos. Finalmente, se admite el uso de fórmulas infantiles en casos especiales tales como niños con errores congénitos del metabolismo.
“Lo mejor que le puedes dar a tu hijo, está dentro de ti.”

Bibliografías:

1.- Scano, P., Murgia, A., Demuru, M., Consonni, R., & Caboni, P. (2016). Metabolite profiles of formula milk compared to breast milk. Food Research International, 87, 76-82.
2.- Andreas, N. J., Kampmann, B., & Le-Doare, K. M. (2015). Human breast milk: a review on its composition and bioactivity. Early human development, 91(11), 629-635.
3.- Martin, C. R., Ling, P. R., & Blackburn, G. L. (2016). Review of infant feeding: key features of breast milk and infant formula. Nutrients, 8(5), 279.
4.- Liu, Z., Roy, N. C., Guo, Y., Jia, H., Ryan, L., Samuelsson, L., ... & Young, W. (2015). Human Breast Milk and Infant Formulas Differentially Modify the Intestinal Microbiota in Human Infants and Host Physiology in Rats–3. The Journal of nutrition, 146(2), 191-199.
5.- Ballard, O., & Morrow, A. L. (2013). Human milk composition: nutrients and bioactive factors. Pediatric Clinics, 60(1), 49-74.
6.- Healthychildren. (2015). Enfermedades graves y lactancia materna. Recuperado de: https://www.healthychildren.org/Spanish/ages-stages/baby/breastfeeding/P...

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